Ya pasó el día 10 de febrero. La tan esperada y expectante comparecencia del presidente del gobierno en el Congreso de los Diputados llegó al fin. Antes hubo un aperitivo consistente en la presencia de la presidenta de Argentina que llegó tarde -el tuneado personal debe llevarle un buen rato- y obsequió a los asistentes con un discurso penoso. Antes tuvo su momento el presidente del Congreso, a quien le gusta mucho oirse. Digamos que su discurso fue parafernálico y plateresco. Al fin el presidente del gobierno tuvo que subir al pedestal del sufrimiento. Lo vi perdido, sin rumbo y sin brújula, como un náufrago en su balsa. Después siguieron las intervenciones de los representantes de los partidos políticos. Entonces soplaron malos vientos, pero él seguía impertérrito en su balsa. Ni los intempestivos vientos lograron que su balsa se moviera. Es como si tuviera un ancla que ya la quisieran para sí muchos navíos.
Una de las cosas que más me molestó de todo el evento fue la sonrisa cínica y displicente que en ocasiones asomaba en su rostro endurecido y tenso. Me daba la sensación de que ni le importaban las intervenciones de los diputados ni mucho menos los españolitos de a pie. Estaba ahí para cumplir un trámite no deseado y punto. Él, en su balsa, se sentía a salvo de todo. Aislado, sin hacer caso de los gritos que le llegaban para que cambiara su rumbo y pudiera llegar a tierra firme, es como si no oyera ni mucho menos escuchara los gritos de los diputados y de los ciudadanos. El señor presidente ha perdido una ocasión de oro para hacer un acto de humildad y reconocer sus errores, solicitar ayuda para que este país tan cainista que formamos salga adelante y hacer un pacto de unidad, y entre todos tomar las medidas pertinentes para solucionar los problemas que se agudizan cada día más. Señor presidente, oiga, escuche e intente llegar a tierra firme porque de lo contrario, tal vez cuando se dé cuenta y quiera remediarlo, nuestro barco esté a la deriva sin remedio y no dude que se llevará por delante su balsa.
Señor presidente, al menos, no sonría por favor. Al menos tenga esa deferencia hacia las muchas personas, y cada día más, que lo tienen muy difícil para poder vivir e incluso bastantes para poder sobrevivir.
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